En los archivos de la Catedral de Burgos hay documentación que ratifica que ya en el S. XV había lo que se llamaban "Mozos de Coro".El periodista burgalés Albarellos, en su libro "Efemérides Burgalesas" ubica en 1454 la celebración de la fiesta del "Obispillo" que era elegido entre los "Niños de Coro" de la Catedral.

A principios del S. XX hay constancia de la existencia de unos estudiantes de música y canto en el Colegio de la Santa Cruz, situado en el inmueble ocupado por la actual Escolanía; pero es a partir de 1950, al ser nombrado Maestro de Capilla el navarro D. Luis Belzunegui, cuando se crea de nuevo una Ecolanía para atender a la Liturgia de la Catedral. En los 15 años que está al frente de la misma, se recuperan las tradiciones antiguas de el "Obispillo" y el baile de los "Seises" ante el Santísimo durante la procesión del Corpus. Esta Escolanía desaparece en 1965, al cesar D. Luis como Maestro de Capilla de la Catedral , hasta que en 1996 comienza esta nueva etapa.

Los “Niños de coro” y la Catedral de burgos

Toda catedral que se precie, ha contado, a lo largo de su historia con una Capilla de Música que colaboraba a magnificar, si cabe, la grandiosidad artística del edificio y daba brillantez a los actos litúrgicos celebrados en ellas. La Capilla de Música, dirigida por un Maestro de Capilla, plaza ganada por concurso-oposición en dura contienda entre los principales músicos del reino, constaba de organista, diversos instrumentistas (principalmente de viento) y los niños y mozos de Coro que ponían letra a la música religiosa, compuesta especialmente por el propio Maestro, quien tenía, entre otras, la obligación de componer la Música que se interpretaba en la catedral en las fiestas señaladas. Así es como la música de cada catedral es única e irrepetible. Hay obras cuya interpretación se limitó al momento para el que fueron compuestas y hoy forman parte de la colección particular de los archivos catedralicios. Los "niños de coro" generalmente, vivían para la catedral y en dependencias cercanas a la misma y eran elegidos por su buena voz. Ni que decir tiene, que se trataba siempre de varones que en algunas ocasiones continuaban formando parte del Coro cuando cambiaban la voz, recibiendo entonces el nombre de "Mozos de Coro"

En Burgos existía  el Colegio de la Santa Cruz que albergó a estos niños y mozos hasta los años sesenta del siglo pasado y por el que han pasado gran parte de grandes músicos y Maestros de Capilla de renombre no solo de Burgos sino de otras catedrales de Castilla y León y de otras partes de España.

Encontramos el edificio en el que se ubicaba este Colegio, en la C/ Nuño Rasura, aledaña a la plaza del Rey San Fernando, donde se yergue airosa la fábrica de la catedral. En la actualidad es un edificio deshabitado a causa de los daños causados en su estructura por las obras de demolición de una casa contigua y en cuyo solar, el Ayuntamiento de la ciudad, está construyendo un Centro de Recepción de Turistas.

Gracias al magnífico trabajo de catalogación del Archivo de Música de la Catedral de Burgos, realizado recientemente por  José López-Calo y editado con el patrocinio de Caja Círculo, conocemos la existencia de varios niños de coro de la catedral, naturales principalmente de la ciudad o de la provincia de Burgos (aunque algunos provienen de provincias limítrofes) que fueron destacados Maestros de Capilla y por lo tanto autores de gran parte de la Música guardada en el citado archivo. Basándome en los datos encontrados en dicho catálogo y por no hacer este ensayo demasiado exhaustivo, me permito nombrar algunos ejemplos que corroboran el título del mismo:

  • A principios del S. XVII era Niño de Coro un alavés llamado Bartolomé Olague que en 1643 fue Maestro de capilla en la Catedral de Burgos y en 1651 lo fue de la de Santiago de Compostela.
  • Hacia 1650 era Mozo de Coro de la Catedral de Burgos Juan García de Salazar que llegó a ser M. de C. de la Colegiata de Toro (1661), de la Catedral de El Burgo de Osma (1663) y de la de Zamora (1668).
  • Diego de Arceo fue Niño de Coro a principios de 1700y M. de C. suplente de la Catedral de Burgos en 1729.
  • Hacia 1770 era Mozo de Coro Gregorio Yudego que posteriormente fue M. de C. de la Soledad del Convento de Mínimos de Madrid y en 1792 de la catedral de Burgos.
  • En 1786 era Mozo de Coro en Burgos Manuel Ibeas. En 1798 era M. de C. de la Catedral de Santiago de Compostela y hasta 1829 de la de Astorga.
  • Román Jimeno fue Niño de Coro desde 1809 hasta 1819. Entre 1819 y 1824 era M. de C. de la Catedral de Palencia. En 1829 se tiene noticia de que era el Organista y M. de C. de la Real Iglesia de San Isidro y profesor de órgano del Conservatorio, ambos de Madrid.
  • En Santa María del Campo nació Federico Olmeda que fue Niño de Coro de la Catedral de Burgos entre 1843 y 1858 y que en 1863 llegó a ser M. de C. de la Catedral de Ávila y en 1878 lo fue de la de Valladolid.
Entrando ya en el S. XX no podemos olvidar a Wenceslao Fernández, que, natural de El Burgo de Osma (fue Niño de Coro de su Catedral), llegó a ser en 1887 organista de la Catedral de Burgos y en 1904 Maestro de Capilla. Su gran entrega a la Música nos ha dejado el famoso “Cancionero de Olmeda” recopilación y catalogación de la música popular burgalesa, además de ser el creador de la Academia de Música, antecedente de la Escuela Municipal de Música de los años 30 y del Conservatorio Municipal que funcionó hasta hace unos años y en el momento de escribir estas líneas es Escuela municipal de música.

 

La música en la Catedral de Burgos en el S.XX

 

El trabajo con los Niños y Mozos de Coro, nunca resultó demasiado apetecible para los Maestros de Capilla y muchos de ellos intentaron zafarse de la obligación que conllevaba su magisterio, es por esta razón por lo que el grupo de niños cantores de las catedrales tiene sus épocas de auge y de declive.

Ya en pleno S. XX, en febrero de 1925, tenemos constancia de que el encargado de la Enseñanza de los Niños de Coro de la Catedral de Burgos es Domingo Amoreti, que entre 1939 y 1949 fue Director del Orfeón Burgalés, pero cuando realmente empieza a tener auge el tema de los Niños de Coro es en 1950 cuando consigue la plaza de Maestro de Capilla el navarro Luis Belzunegui que recorriendo la escuelas y parroquias de la ciudad consigue formar un grupo de más de 50 niños que denomina Escolanía, que ensaya en los locales del Colegio de la Santa Cruz, en Nuño Rasura y que participa activamente en los actos litúrgicos de la catedral y en las fiestas solemnes.

D. Luis Belzunegui, derrocha paciencia con los niños entre 1950 y 1964 y  en este tiempo consigue que la Escolanía de la Catedral de Burgos cante en diversas localidades españolas y en París. También resucita viejas tradiciones populares relacionadas con los Niños de Coro como son el Baile de los “Seises” ante el Santísimo en la procesión del “Corpus” y la fiesta del “Obispillo” el día de los Santos Inocentes, además de dirigir el coro de “Los Auroros” y la Schola Cantorum y ser organista de la iglesia de La Merced.

Muchos son los músicos que salieron de esta Escolanía de D. Luis Belzunegui  pero me voy a limitar a nombrar, por amistad personal y por mayor cercanía en el tiempo a Carlos Martínez, profesor del Conservatorio de Burgos y Director del Orfeón Burgalés y de su Coral Infantil hasta su reciente jubilación.

Cuando Belzunegui se jubila en 1964, es D. Ángel Bravo el que asume el cargo de Maestro de Capilla de la Catedral de Burgos, y prefiere formar una coral con adultos  que encargarse de los Niños de Coro, por lo que desaparece la Escolanía y surge la Coral “Santa María la Mayor”, con la que participa en la liturgia de las grandes solemnidades de la Catedral. También D. Ángel asume el cargo de organista cuando se seculariza el titular Miguel Castañeda.

La Escolanía en la actualidad

Treinta y dos años más tarde, en 1996, el Cabildo de la Catedral, siendo si presidente D. Ramón del Hoyo (actual obispo de Jaén) aprovechando el momento de impulso artístico y renovación externa e interna  que atraviesa la Catedral, se plantea la posibilidad de reinstaurar la figura de la Escolanía que nunca debería haber desaparecido. A través del musicólogo  Alejandro Céspedes se ponen en contacto conmigo (pasando por alto que no soy sacerdote ni, mucho menos, Maestro de Capilla) y me proponen iniciar la aventura. Para mí supone un reto y la culminación de unos anhelos personales. Manos a la obra, con la estrecha y valiosísima colaboración de la Srta. Mª. Elena Alonso Lomas, musicóloga, que ha sido hasta 2012 Profesora de Técnica Vocal y Canto de la Escolanía, pedimos la colaboración a los compañeros profesores de Música de los diferentes Colegios de Educación Primaria de Burgos y logramos encontrar un grupo de 40 muchachos con buen oído y voz aceptable con los que empezar la empresa encomendada por el Cabildo. Contra todo pronóstico agorero que no confiaba que se pudiera lograr, la flamante Escolanía,  participa por primera vez en la Catedral en la fiesta de la Inmaculada Concepción del mismo año, junto a la Coral Santa María la Mayor. A partir de este momento su trayectoria es imparable. Comienza participando en la Misa dominical de las 12 del mediodía los primeros y terceros domingos de cada mes y según su repertorio se iba ampliando era llamada a participar en numerosos eventos y celebraciones no solo en la Catedral sino en diferentes parroquias y conventos de la ciudad y provincia.

Lo primero que hicimos fue integrarnos en la Federación Internacional de “Pueri Cantores” añadiendo esta denominación a la Escolanía.

El 15 de Mayo de 1997, coincidiendo con la festividad de la Santísima Trinidad, los muchachos estrenan el uniforme para las actuaciones consistente en túnica blanca con cíngulo y una cruz de madera al pecho (símbolo internacional de Pueri Cantores), y después de la Misa de la Catedral se dirigieron a la residencia sacerdotal donde el venerable anciano D. Luis Belzunegui, pudo ver con sus propios ojos que había vuelto la escolanía por la que luchó desde su desaparición. Sus deseos se vieron colmados. En septiembre de ese mismo año falleció.

En el momento de re-escribir este artículo, la Escolanía lleva de vida 18 años consecutivos, forman parte de ella 36 niños y adolescentes del más variado origen escolar y por ella han pasado más de 150 muchachos de los que muchos se dedican a la Música destacando ya alguno de ellos como por ejemplo Ignacio Germán González Yagüe, que actualmente es el organista que acompaña a la Escolanía en sus actuaciones con gran virtuosismo y dedicación, así como Iñigo García, que además de gran pianista forma parte de un grupo coral burgalés, o Matías de Vallejo y Mario Calzada, percusionistas de sendos grupos de música rock (además de colaborador, el segundo, en varias corales), Rodrigo Corrales clarinetista en una banda de música, o el destacado alumno de violín del Conservatorio Adrián Rioja, que fue “salmista oficial" de la Escolanía, entre otros.

A lo largo de estos años el nombre de Burgos ha sonado por casi todas las Comunidades de España a través de la escolanía de su Catedral (Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi, Rioja, Aragón, Cataluña, Valencia, Baleares, Andalucía, Extremadura, y las dos Castillas) y no sólo en nuestro país sino que ha traspasado las imaginarias fronteras entonando sus cantos en Italia (Vaticano-Roma 2 ocasiones), Francia (París), Alemania (Francfurt y Colonia) y Portugal (Fátima y Lisboa). Además ha recuperado la tradición del “OBISPILLO” saliendo todos los años el día 28 de diciembre, recorriendo la ciudad a lomos de un caballo blanco, visitando a las autoridades y pronunciando discursos y sermones.

 

En el año 1999, en colaboración con la Coral “Castilla” de Burgos, se grabó un disco compacto cuyo título es “ Maestros de capilla y niños de coro de la Catedral de Burgos de los siglos XVII al XX”, patrocinado por el Instituto Municipal de Cultura de Ayuntamiento de Burgos. Las obras que se grabaron fueron adaptadas por la profesora de técnica vocal Sta. Elena Alonso con la ayuda de un servidor, que realizamos un atractivo trabajo de transcripción musical de los originales existentes en el Archivo de Música de la Catedral, sacando a la luz varias obras inéditas de algunos de los músicos nombrados anteriormente.

En 2007, grabamos un nuevo CD a petición de la Junta de la Semana Santa burgalesa, con patrocinio de la Junta de Castilla y León y que registra obras apropiadas para esa época litúrgica. Su título es “ Canto a la Semana Santa”. Dicho disco salió a la luz en 2008, coincidiendo con la celebración de los Misterios Pascuales y se puede pedir en la sede de la Escolanía.

Actualmente seguimos esperando, después de tantos años y de la trayectoria demostrada,  conseguir volver a la sede de los “Niños de Coro” de la C/ Nuño Rasura. Deseamos que de una vez por todas, el Ayuntamiento y el Cabildo de la Catedral pongan manos a la obra y arreglen el ruinoso edificio (de donde no teníamos que haber salido), y acabar así con incontables años de incomodidades, buscando un lugar digno para ensayar y continuar, en su lugar correspondiente, con la tradición  de los Niños de Coro de la Catedral de Burgos.

Luis Mª. Corbí Echevarrieta
Director de la Escolanía de la Catedral de Burgos

"La Escolanía"

Del libro "Los Santos días del pasado" de Carlos de la Sierra)


En un rinconcito de la calle de Nuño Rasura, sobre un obrador de pastelería, estaba la Escolanía. Aquella maravillosa escuela, bajo la advocación de una estatuilla de San Pancracio, reunía a todos los niños del lumpen. Sólo hacían falta dos condiciones para ingresar: ser pobre de solemnidad, condición ampliamente alcanzada, y tener buena voz.

Bajo la dirección de D. Luis Belzunegui, profesor de canto, y con toneladas de paciencia de D. Aureliano, virtuoso del armonio y alguna otra materia; arrullados por el cimbreo de la varita de D. Ángel Proaño, profesor de cultura general, nos dimos cita varias generaciones de burgaleses. Asistíamos a las clases chiquillos de todos los barrios de casta, con perdón. A saber: San Esteban, Fernán González, Santa Águeda, Cabestreros, Plaza de Santa María, Los Vadillos, San Pedro de la Fuente, San Pedro de Cardeña, San Pedro y San Felices, Parralillos...

Allí, entre dulces efluvios de pasteles que sólo podíamos comer gracias a la generosidad de los empleados del obrador, junto al Rincón de Castilla, lugar favorito de gran orfebre Maese Calvo, fuimos creciendo.

Después de interminables horas de ensayo ante el viejo armonio que manejaba D. Aureliano, íbamos a la catedral. Los días de fiesta todos vestíamos igual: pantalón corto de color blanco; jersey de cuello pico ( azul Imperio, muy al tono con la época) y camisa blanca con el botón del cuello desabrochado. Sobre nuestras irreductibles molleras, una boina de pañete del mismo color que el jersey. En cuanto al calzado, era discrecional, cada cual lo que podía.

Una vez en el templo nos introducíamos en los mínimos vestuarios del entrepaño del Coro, bajo el órgano inmensos de refulgentes tubos. Tuve varias veces el placer de ver al canónigo organista en titánica lucha con pedales y clavijas, hasta que lograba arrancar la música del mismo alma de aquel monstruoso instrumento y elevar los corazones de todos los amantes de la belleza.

Entre apretados sudores, por lo reducido del espacio, nos enfundábamos una sotana de lanilla roja; sobre ella, el sobrepelliz blanco bordado y festoneado, y, en el lugar de la boina, el bonete rojo con borla de peluche en el centro.

De esta guisa pasábamos al coro por una puertecita interior que comunicaba con la impresionante sillería tallada en nogal, una de las más hermosas del mundo. Nos reuníamos todos en torno a un gran facistol coronado por una figura de águila, junto al sepulcro del obispo D. Mauricio impulsor de las obras de la catedral. Los canónigos se situaban detrás de nosotros; con sus imponentes figuras vestidas de negro y sus voces potentísimas, aturdían nuestro cerebro. Cuando comenzábamos a cantar, algunas veces acompañados del organista, todo el frío natural de la piedra fantástica devenía en calor envolvente, cálido, subyugante...

Durante años cantamos Vísperas, Maitines, Réquiem, Te Deum, Pontificales, Misas, Salves... y nos tragábamos todos los sermones, palabras y arengas que el buen sacristán, dormido en las escaleras del púlpito de la nave mayor, nos dejaba oír entre ronquido y ronquido. Por cierto, este hombre vivía en la misma casa de la Escolanía. Otros sacristanes tenían su vivienda en el edificio que está adosado a la catedral en la calle de Fernán González, frente a la subida a la de Pozo Seco.

Acabadas estas agotadoras sesiones de canto, nos cambiábamos de ropa y volvíamos a la Escolanía. En su interior, primer piso, jugábamos a los bolos y al futbolín, una peseta a repartir entre los ganadores de cuatro partidas. Las rubias eran regalo del peculio particular de D. Luis. Nos daban caramelos, chupetes y galletas. Después, todos a casa.